Cuando llega el momento de vender una villa o un chalet bien equipado, lo habitual es llamar a una empresa de mudanzas y pagar para que saquen todo. El resultado: tiempo, dinero y, muchas veces, piezas con valor real acabando en un contenedor.
Existe otra forma. Una jornada de puertas abiertas en la propia vivienda, organizada con mimo y difundida entre una red de compradores interesados. El mobiliario, los cuadros, la vajilla, los libros, incluso los electrodomésticos... todo tiene un precio, todo tiene un dueño que lo está esperando.
Mi papel es convertir ese proceso en algo bonito. Selecciono lo que se puede vender, lo pongo en valor, coordino la difusión en redes e Instagram y gestiono el evento durante el fin de semana. Tú no tienes que hacer nada más que dejarnos las llaves.
¿Qué pasa con lo que no se vende?
Lo que queda al cierre del evento lo gestiono con mis contactos: anticuarios de confianza, plataformas de segunda mano y entidades de donación. El resultado final: el piso vacío, sin costes de mudanza innecesarios, y con la tranquilidad de saber que las piezas con historia tienen un nuevo hogar.